Saludos lectores habituales, ergo nadie.
A pasado poco más de un mes desde mi llegada a Fuenlabrada City, un mes en el que tiempo para reflexionar sobre los temas claves de mi vida (Makarena) no me ha faltado.
Documentos fotográficos sobre mi piso han sido ya visualizados por un número indeterminado de seres, que en su mayoría opinan “está del carajo”, y yo les digo, razón no les falta salvo por un detalle, y es que, desde mi ventana, por mucho prismático que utilice, no visualizo a Makarena. Es como mirar al vacio, me falta algo.
Destacable podría resultar el hecho de que mis hábitos de vida han cambiado, voy al gimnasio cada día una media de 2 horas ampliable a 3, dependiendo del cansancio acumulado y de la exigencia de la tabla, y todo para que Makarena pueda presumir entre sus amiguitas de salir con un universitario atractivo, fuerte y sobre todo rubio.
Hoy, he vivido una de las situaciones más violentas de toda mi vida, y es que una compañera, sobrina de Eduardo Inda (todo hay que decirlo), me ha soltado la siguiente frase: “cógeme el plátano”. Cuanto menos atónito quede, y lamente mucho que esa chica no hubiese sido Makarena.
Y es que, Makarena es lo único de lo que nunca tengo suficiente.